junio 15, 2013

Los pequeños detalles de mi barrio


La pulpería de Ciro Piedra, ese señor de una naríz tipo Italiana, de cuerpo robusto y sonrisa amplia. El taller de los Smith, fuertes y serios, lugar del que obtenía los roles para hacer las patinetas de cuatro ruedas, un cordón y tabla. La panadería de Pacheco, del que, temprano en la mañana, compraba una mano de pan para desayunar. El talle de Solano al sur y el taller de Copila Padre e Hijo, del que me acuerdo una foto del famoso grupo del cartaginés llamado que nunca fue campeón; la Panadería el 12 de abril, con aquel pan redondo, único en su forma y sabor; la cantina el Comisariato con su famosas bocas y Palomitos, con aquel señor tan alegre y bueno, que terminó al frente de la pulpería antes de retirarse. La plaza Iglesia, la de antes, sin muros y la que vino después, la plaza del Covao, en donde se realizaban las ferias del barrio, el Molino y el pequeño riachuelo que pasaba por ahí, el antiguo beneficio El Molino, con lugares para secar al sol el grano de café y ese aroma inconfundible, el viejo campo ferial Ayala y la antigua Hacienda del Café que llegaba hasta Tejar, la pulpería de don Chico a la hora del Colegio, y la familia Navarro de los Pasteles en venta a toda hora de piña y carne; la antigua Dos Pinos y la paleta de Chocolate, las empanadas, tortas de doña Marta, que siempre desearía volver a comer, el antiguo Covao, la chancha de los Salesianos, La verdulería o verdurería con todo para la olla de carne, el paraguero Juan Toco, que todo lo sabía arreglar allá en la calle del laborío, el antigo Bar New York, por años en una esquina, hasta que desapareció, el Sastre Jiménez, quien me hizo muchos pantalones, toño el Guarda, siempre con paca verde, los turnos en la calle del barrio, cerrada con enormes cañas, las fiestas de navidad, con un árbol puesto a la mitad de la calle...en fin, tantos detalles de mi viejo barrio...(en recuerdo a todos quienes ya partieron).