julio 11, 2012

Una nueva mordaza a la prensa



En días recientes la Asamblea Legislativa aprobó una iniciativa para crear un marco legal para regular el delito informático. Si me regalan un par de minutos explicaré brevemente en qué consisten algunas de las reformas legales al Código Penal, expediente 17613.

Como muchos otros proyectos de ley se vistieron con piel de oveja para esconder dentro de su articulado una nueva amenaza para la libertad de prensa, la libertad de investigación y denuncia.

No se si será la primera vez en la historia del derecho costarricense, pero esta es la primera vez que escucho hablar en un sistema democrático de “informaciones secretas políticas”.

Para quienes defendemos la libertad absoluta de los medios para investigar y denunciar, una reforma como esa no puede menos que generar sospechas y más si le sumamos el tipo de sanción que se propone para quienes cometan “espionaje político”.

En menos de dos líneas los proponentes y redactores del proyecto ingresan en una profunda contradicción jurídica, pues la tipificación desaparece burdamente, pues no serían sancionados quienes obtengan en forma “oficial” la información “secreta”.

La sanción por transgredir el nuevo ordenamiento “totalitario” sería prisión de 5 a 10 años por “revelar secretos políticos” se impondría también a quienes revelaran secretos policiales.

Sin querer exagerar, resulta altamente sospechoso que esa iniciativa quiera imponer cárcel a los periodistas y sus representantes por difundir “secretos” sobre la defensa nacional o las relaciones diplomáticas.

Ya queda advertida la prensa de que con esta norma solo unos cuantos meses atrás no se hubiera podido obtener información sobre las irregularidades de la “trocha” y otros tantos asuntos que han salido a la luz pública.

Lamentablemente no es la única regulación dañina. La otra es simplemente deplorable, pues su aplicación hace unos años atrás hubiese impedido a la prensa a dar a conocer “el memorando del miedo”.

Otra de las reformas planteadas simplemente remiten a tesis “fundamentalistas” moralistas y hasta publicar fotografías comprometedoras que estén en la web no se podrán difundir por la prensa, sin previa autorización de sus titulares. Es decir, tipifica en forma subjetiva “la intimidad y privacidad” en contra del interés público.

Con esto quiero poner en alertar y no alarmar ni decir que todo el proyecto está mal. Opiniones vendrán y sobrarán justificando la reforma o abogando por regular a la prensa. Sin embargo, serán los periodistas quienes tendrán que pagar las consecuencias y, al final, será la libertad de todos la que estará en peligro.